Hace unos cuantos meses, el Obradoiro conseguía no sólo sus derechos legítimos a volver a la élite baloncestística sino la posibilidad de llevar a cabo un proyecto que llevaba a buen puerto esos derechos enajenados hace casi veinte años. Mucha gente me preguntó en numerosas ocasiones ¿qué significaba para mí? y los más crueles ¿Cuánto crees que van a durar? Y siempre he contestado lo mismo: No importa el resultado de esta temporada, sino el hecho de que estemos en nuestro sitio.
Pero he de aclarar el significado de “no importa el resultado”. Con el conocimiento de las posibilidades ecónomicas del proyecto y los diferentes intereses de las distintas entidades con respecto a la nueva situación, fui consciente desde el principio de que la situación sería complicada y que no íbamos a poder competir a gran escala en una liga cerrada que cada vez se aísla más entorno a cuatro o cinco equipos.

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Pero los sufridores que estamos acostumbrados a seguir a equipos “pequeños” sabemos que cuanto mayor es la dificultad, mayor es la gloria, tal y como decía Cicerón, y combinamos las frecuentes decepciones deportivas con las grandes satisfacciones producidas por mínimos éxitos. Relativizamos, valoramos y evaluamos las trayectorias una y otra vez sin darnos nunca por vencidos aunque el “hito” sea nimio.

Desde el primer momento apoyé al Obradoiro. Seguí ilusionada la creación del proyecto y los primeros pasos tanto en los nombramientos, como en la compra de jugadores, a partes iguales de ilusión y cierto desengaño debido a decisiones que, desde mi punto de vista, no creía correctas en ambos casos. Continué pendiente cuando los inconvenientes se ceñían con nosotros y los fichajes no eran válidos o se demoraban.
Quedan dos semanas para el inicio de liga y la plantilla todavía no está completa, aunque no me parece lo más grave. Desde hace meses me he hecho eco de actuaciones y situaciones, que pese a no haber tenido un fundamento patente en su inicio, tienen a día de hoy una consecuencia clara: Una desestructuración y desorganización total de un club y su plantilla.
Un equipo con un nivel corto no es la razón de mi desengaño, porque confío en la lucha y la competición que en sí misma implica la pugna frente a otros clubes, algunos de los cuales tampoco tienen un nivel adecuado, como Valladolid, Murcia o Lucentum, aunque sin entrar en comparaciones. Creo que las gestiones no están siendo las adecuadas, ni en temas de nombramientos, ni contratación, ni publicidad o ni en el más mínimo trato con el colega o el socio. Maquiavelo decía que no puede haber grandes dificultades si abunda la buena voluntad, pero ¿y si falla lo segundo? ¿De qué modo parece “no importarnos el resultado”, desde mi punto de vista o desde otros múltiples prismas?
Repito que todo lo que aquí publique pertenece a mi opinión, mi prisma y es lo que me transmite todo lo que está ocurriendo entorno al Obra, al igual que sabéis que tenéis libertad para expresaros, a través de comentarios y rebatirme o preguntarme sobre mi visión, siempre de manera respetuosa y adecuada.